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Mágica Travesía: Vivir un proceso vivo

 Darío, Melissa, Raudel y Amanda tienen mucho en común: comparten la maravilla de ser niños, juegan por igual, estudian el nivel primario de enseñanza, viven en Santa Fe y les encantan las golosinas. Hoy, definitivamente, sus vidas han cambiado. Ellos, junto a casi veinte niños más se han unido al taller Mágica Travesía, impartido por los actores Carmela Nuñez y Leovaldo Díaz (Babito).

La experiencia vivificante que constituye la creación titiritera ofrecerá a estos niños –entre el tercer y sexto grado escolar– las herramientas y metodología útiles para el proceso creativo. El juego será el motor impulsor, y a través de él aflorarán las emociones, las vivencias individuales y colectivas, buscando producir sentidos que, una vez seleccionados y ordenados, serán material artístico liberador y creador de conciencia.

Carmela y Babito pertenecen al grupo Teatro Viajero, donde trabajan fundamentalmente con títeres. Un buen día surgió la necesidad de experimentar pedagógicamente, pero ¿cómo hacerlo? Carmela apunta que “cuando se habla de talleres se piensa en la capacitación artística. En el caso de nosotros, proponemos un proceso, que además de su organización y su estructura, pretende vivir el proceso, más allá de lograr una puesta en escena (aunque también lo haremos)."

Babito explica entonces que enfatizan sobre todo “en la relación con los niños, en un proceso de creación que desarrolle en ellos la imaginación, el gusto por la literatura y las artes plásticas. El taller Mágica Travesía está estructurado a partir de distintos juegos de participación y de tipo teatral.”

“De alguna manera traducimos en el taller lo que viviría un grupo de teatro en un proceso de creación colectiva. A partir de los juegos, los niños serán capaces de conformar un grupo y crear historias a partir de sus vivencias y problemáticas. Luego, de estas historias se extraen los personajes y contextos, para convertirlos en imágenes, y luego en títeres. Lo peculiar es que estos títeres serán confeccionados por los propios niños, tomando en cuenta el reciclaje para transformar cosas aparentemente inútiles en arte”, comenta Carmela.

El taller comprende cuatro fases: “Salida del puerto”, “Izar las velas”, “En altamar”, y “Lanzar el ancla”. A lo largo de ellas se producen estímulos para llegar a la creación del texto, se diseñan los personajes, se estudian las técnicas del manejo de títeres, se construyen las figuras y la escenografía, y luego se realiza el montaje y la representación. Según Carmela, “la última fase comprende una creación que preferimos llamar “ejercicio escénico”, en el que ellos son capaces de compartir entre sí para luego hacerlo con la escuela, la familia o la comunidad. El desarrollo de Mágica Travesía es muy coyuntural, todo puede cambiar en el último momento por el tipo de proceso.”

“Nosotros intentamos ser mediadores, no maestros”, explica Babito. “Sólo tenemos un papel más protagónico en la primera etapa, y luego dejamos que ellos mismos conduzcan el proceso. Estamos muy pendientes de cómo los niños desarrollan la “travesía”, y si notamos que no hay mucha evolución ajustamos la duración de las etapas de modo que no afecte el objetivo central: Si los cimientos están flojos, de nada vale pintar el último piso del edificio. Es un proceso muy susceptible.”

Al referirse a la duración del taller, Babito y Carmela explican que han vivido experiencias en las que desarrollaron todo el proceso tan solo en un rato. “El taller se adapta”, explica Babito. “En el caso de Santa Fe, tenemos pensado estructurar el proceso de modo que en el mes de junio termine la primera etapa, dado que en ese momento los niños comienzan sus exámenes en la escuela.”

Mágica Travesía busca en cada etapa un resultado específico. En la primera, el avance sería de tipo humano, fundamentalmente. Carmela expresa que “siempre buscaremos estimular los logros de los niños en la medida de nuestras posibilidades. Por ejemplo, trataremos que los textos escritos por ellos sean publicados artesanalmente o leídos en público; con los diseños que resulten del proceso haremos una exposición; buscamos que el resultado sea participativo. Queremos que las enseñanzas de este taller queden en la vida de los niños, y les ayuden a solucionar problemas de su vida por medio de la creatividad, el arte y las relaciones humanas.”

Babito y Carmela han enfocado su carrera de actores profesionales al trabajo con las comunidades en los últimos años. “Hemos sacrificado incluso las obras originales, para adaptarlas a los espacios donde las presentamos, pero con tremendo gusto,” confiesa Babito. “Cuando terminábamos las funciones, nos quedaba siempre el vacío y la sensación de haber podido hacer algo más. Por eso decidimos emprender Mágica Travesía. Hemos tenido experiencias en comunidades socialmente desfavorecidas, tales como La Timba. Allí, por ejemplo, existía una situación difícil con las familias y la vivienda, y trabajamos con un grupo específico de niños para solucionar en alguna medida esos problemas.”

Mágica Travesía ha desarrollado actividades en la Casa del Niño y la Niña, de la Habana Vieja y se mantienen trabajando en la comunidad de Los Sitios, de Centro Habana. A su quehacer se han vinculado psicólogos, psicopedagogos, bailarines y personas con discapacidad. Con catorce años de experiencia en su trabajo, Carmela y Babito mantienen una premisa: “Más que resultados, deseamos cambios positivos.”